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El blog de Mario Morando

Discurso del diputado porteño Mario Morando al entregarle el titulo de Personalidad Destacada de la Cultura de Buenos Aires a Sandra Mihanovich

sandra

De las formas de pensamiento que conozco, la música es la forma suprema. El razonamiento y el cálculo nos refieren a las necesidades humanas elementales: comer, abrigarnos, acumular riquezas materiales para tratar de sentirnos seguros. Porque el razonamiento proviene del cerebro, que como órgano físico, está interesado en sobrevivir. Vivimos encerrados en un mundo de razomientos y cálculos, siempre vinculados a la diaria subsistencia. “Me conviene”/“no me conviene”: la dicotomía que orienta casi todos nuestros actos. Como si fuéramos automátas. El arte, en cambio, vuela bien alto, porque es despliegue del espíritu.El arte nos libera de ese encierro materialista y rompe, en parte, la prisión del egoísmo.

Pero, de todas las formas de arte, la música es además la única que no simula la realidad. El teatro, el cine, la literatura, la pintura y la escultura, pretenden emular realidades. Se trata de imitaciones. La música no trata de imitar nada, crea su propia realidad. Ahí reside, en mi opinión, su distintiva grandeza.

Desde pequeño la música me ha parecido mágica. Y me lo sigue pareciendo. No se puede tocar ni ver, pero ahí está para despertar en nosotros una realidad de la nada. Posiblemente, la más rica realidad.

Tal como escuchan, no tengo empacho en confesar que la música es mi religión. Me inspira un respeto supremo.

Por eso mismo constituye para mí un enorme honor, distinguir aquí a una de las mejores cantantes argentinas; las que se cuentan con los dedos de una mano.

La carrera profesional de Sandra Mihanovich comenzó hace 30 años, que tuvimos oportunidad de festejar el 21 de abril en el teatro Ópera. Fue con la grabación del disco “Pienso en vos”. Pero su aventura musical había comenzado mucho antes. Desde pequeña asistió a las veladas de jazz que su abuelo organizaba en el sótano de su casa. Con la inspiración de dichas actuaciones, de las canciones de La Novicia Rebelde y de María Elena Walsh, y de todo lo que venía a ocupar su interés, Sandra Mihanovich fue forjando los inicios de su carrera musical.

Se convirtió por imperio de la pasión y de su eximia voz en una trabajadora incansable, que jamás se repitió. Su gusto siempre ecléctico, equilibrado, variado, la condujo a una serie de grabaciones, no apresuradas sino maduradas en el tiempo, que se escuchan permanentemente como clásicos.

Más de 30 años dedicados a la música, de buen gusto, de gran voz, de tesonero trabajo, y cada vez más de autores nacionales, merecen el otorgamiento de una distinción social. No tanto para premiarla, porque su premio ya lo tiene en su propia cosecha (los buenos músicos se pagan a sí mismos con el producido de su trabajo y por el reconocimiento que obtienen del público), sino para incentivar a otros a perseguir el camino del esfuerzo, de lo nacional imbricado con lo mejor de lo internacional, pero por sobre todo del cantar con el corazón, de manera persistente y auténtica.

Como si todo esto fuera poco, además en sus canciones defiende la falta de hipocresía, la libertad, bajo todas sus formas. Siempre se animó a cantar a estos valores, de modo espontáneo, sin proponerse una intencionalidad política, sino como reacción natural del espíritu humano a la defensa de la libertad. Y siempre en un marco de calidad musical. Lo que no es una conjunción usual. Generalmente los dotados cantan temas no comprometidos y los que están comprometidos pareciera que lo hacen porque es la única manera que tienen de llamar la atención dado lo escaso de su talento. Pocas veces se conjugan talento, calidad, compromiso y “polenta taurina”.

Por eso, si bien su carrera comenzó en plena dictadura, fructificó ni bien renacida la democracia. Sandra corporiza la resurección de la libertad en la canción nacional. Y siempre asociada al mismo tiempo a la calidad musical. He ahí su originalidad.

No podemos dejar pasar esta oportunidad para enumerar su discografía, a la que habría que agregarle sus actuaciones en vivo y en películas y televisión: 1977 Pienso en vos; 1982 Puerto Pollensa; 1983 Hagamos el amor; 1984 Soy lo que soy; 1984 Sandra en Shams; 1985 Como la primera vez; 1986 Sandra en el paraíso; 1988 Somos mucho más que dos; 1989 Mujer contra mujer; 1991 Si somos gente; 1992 Todo brilla; 1994 Cambio de planes; 1998 Manuelita; 2000 Todo tiene un lugar; 2003 Sin tu amor; 2007 Creciendo.

Para finalizar con sus propias palabras, Sandra ha dicho: “Mis discos no se caracterizan por tener hits, pero permanecen, no son efímeros. Para durar hay que ser coherentes. Permanecer tiene que ver con un perfil, con hacer las cosas desde el corazón y no para obtener un predeterminado resultado. Siempre trato de cantar cada canción como si fuera la primera vez”.

Le digo a Sandra Mihanovich que sin duda lo logra. Gracias Sandra, en una época de tanto facilismo, por darle a la cultura musical argentina, al mismo tiempo, suprema calidad y suprema calidez.

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Esta entrada fue publicada en 22 mayo, 2007 por en Homenajes y etiquetada con .
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