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El blog de Mario Morando

Centenario de Frigerio en el CARI

carifrigerio

Buenas tardes, estimado público.

Esta es una semana de gloria, porque ayer Rogelio Julio Frigerio cumplió sus primeros 100 años de eternidad. Tuve la alegría de proponerlo como Ciudadano Ilustre en 2006, y el privilegio de despedir sus restos en la Recoleta ese mismo año. Hoy comparto con Uds. este homenaje, gracias a la decisión de las autoridades del CARI , de su nieto Rogelio (que no sólo porta etiqueta, sino frasco y contenido desarrollista), y de mi amigo Saúl Rotsztain, impulsor de esta reunión.

Voy a concentrarme en contestar una sola pregunta. Y es, ¿qué tipo de homenaje le habría agradado a Rogelio Julio Frigerio? Y para ello voy a acudir a una recurso simbólico, cual es el de imaginarlo sentado aquí con nosotros, asistiendo a su propio homenaje. Para quienes creen en el inmortalidad del alma, este recurso no es simbólico sino lo que verdaderamente está ocurriendo en estos momentos.

Podríamos decir que homenajeamos su Obra.Cuál de ellas?

Su obra como empresario. Durante casi 25 años comandó la cadena de tiendas La Ideal, propiedad de su familia. Las recorría diariamente. Cuando llegaba raudamente en su auto Lincoln, era temible por su sagacidad para revisar las fichas de crédito de los clientes. Al mismo tiempo, declaró uno de sus empleados, nunca se hacía rogar por un aumento de salario justo. Entre sus otros emprendimientos figuran el barrio Alfar, en Mar del Plata, y su explotación rural El Guasuncho, en Entre Ríos.

U homenajeamos su obra como periodista. La revista Qué sucedió en Siete Días, un semanario que llegó a vender 200 mil ejemplares en 1957, una proeza aún hoy, con el doble de población. En dicha revista escribían, Arturo Jauretche, Raúl Scalabrini Ortiz, Isidro Odena, Rogelio García Lupo, Ramón Prieto, Dardo Cúneo, Marcos Merchensky, Mariano Montemayor, Juan José Real, Carlos Florit. Fundada en 1946 por su amigo Baltazar Jaramillo y su esposa Delia Machinandiarena, era una combinación entre la revista Time y una revista política tipo lo que luego sería Panorama. Los 200 mil ejemplares no reflejan la cantidad de lectores efectivos, pues se leía colectivamente en las lecherías y hasta en las cárceles. La revista Qué, terminó convirtiéndose en el órgano propagandístico de la campaña presidencial de Arturo Frondizi. Quiero señalar un tributo especial a los esposos Jaramillo, los que fueron tan fundamentales en el desarrollo del propio Frigerio.

Más de una década al frente de diario Clarín, le da un pergamino adicional como maestro periodista.

Podríamos homenajear su obra como político. Si bien muy breve (se desplegó desde 1956 a 1962), pero vertiginosa. Comienza hacia 1932, cuando se convierte en dirigente estudiantil universitario; pero cobra relieve público al asociarse con Frondizi. Tal acercamiento sucedió cuando Narciso Machinandiarena los reunió en casa de su hermana Delia (por entonces ya viuda de Baltazar), un día de Reyes de 1956, para que el Director de la revista Qué (Frigerio) se pusiera de acuerdo en cómo editar la revista, con el presidente de la Unión Cívica Radical y candidato a la presidencia de la Nación. Al conocerse personalmente rápidamente congeniaron. Frigerio recibió de Frondizi el invalorable apoyo de su carisma, de su ubicación importantísima por entonces en el mapa político argentino, como líder de la oposición al peronismo, por su retórica y prestancia, y como defensor de las garantías constitucionales. Don Arturo había nacido para persuadir, nada ríspido ni agresivo como lo era Frigerio. A su vez Frondizi recibió en Frigerio, un GPS encarnado, que lo reorientó completamente en sus posiciones.

Los cambios que Frigerio operó en Frondizi fueron tan profundos que no deja de parecer increíble que el partido radical se llegara a denominar también Intransigente.

Frondizi era por entonces antiperonista acérrimo, partidario de la reforma agraria y enemigo de la inversión extranjera.

Frigerio enhebró un pacto con Perón para que el grueso de los peronistas votara por Frondizi, constituyéndose en la única alianza relevante de los dos partidos mayoritarios. Si bien las circunstancias eran excepcionales, haber podido enhebrar esa alianza, fue una completa hazaña, si bien criticada por muchos como innecesaria y hasta perniciosa. Es muy difícil saber si Perón se comprometió de buena fe o sólo para sacar un rédito de corto plazo. De lo que no tengo duda es que Frigerio se comprometió de buena fe, pues luego a lo largo de su vida dio acabas muestras de ello. Para Frondizi, que jamás reconoció el pacto, la situación era más difícil, porque había afirmado que no haría pactos con la oposición, y porque sus correligionarios no lo apoyaban en esa jugada.

Ya en el poder, Frigerio orquestó y llevó a la práctica, junto con Arturo Sábato, un plan petrolero que en 1959/60 eliminó el gigantesco déficit argentino, equivalente a unos U$S 8.000 millones de hoy, logrando el autoabastecimiento, mediante el concurso de la inversión extranjera, pero no de los grandes oligopolios, poco interesados en perder su negocio de importación, sino de empresas competitivas menores. Las condiciones competitivas que se establecieron y la obligación de contratar con YPF garantizaban el control de los grupos privados.

También dieron la Batalla del Acero, inaugurando a los dos años el demorado primer horno de Somisa en San Nicolás. Luego intentaron seguir avanzando, pero encontraron grandes resistencias en los organismos de financiamiento internacionales. Así y todo, la producción aumentó 64%.

Y la Batalla del transporte, consistente en aumentar en 10 mil kms (55%) de caminos asfaltados, en privatizar el transporte de colectivos y en la instalación en gran escala de la industria automotriz.

Tantas batallas eran una verdadera guerra contra el subdesarrollo.

Y la habilitación de universidades privadas, ampliando la oferta y la competencia educativa.

Y la reasignación de 200 mil trabajadores estatales, sin generar desocupación.

Cuando faltaban dos años de gobierno, fueron “premiados” por el establishment, mediante un golpe de Estado.

Podríamos homenajear su pensamiento político-económico. Usina + integracionismo + desarrollismo.

La Usina era una agrupación de amigos, interesados en estudiar el desarrollo nacional, entre quienes estaban, además de otros que mencionamos al hablar de la revista Qué, Ernesto y Arturo Sábato, Narciso Machinandiarena, Aragón y Calamaro. Hoy que pululan dispersas e inofensivas tantas pequeñas agrupaciones de estudios, el sólo hecho de haber constituído un grupo así, de calidad y sostenido en el tiempo asombra. Y encuentra su explicación en el gran amor a la patria que esas personas tenían, así como en su vigor intelectual. No se les ocurría a cada uno fundar su propia fundación. Eran integracionistas de alma.

De esas interacciones surgieron una doctrina política, el integracionismo, y una económica, el desarrollismo. El integracionismo proponía, la integración geográfica a través de obras de infraestructura; la integración agro-industrial a través de la política económica; la integración de la cultura nacional (número de Todo es Historia); y la alianza de los partidos políticos mayoritarios en un Frente Nacional. En síntesis, se buscaba la unión nacional en todos sus aspectos.

Hay quienes sostienen que esta propuesta de unificación nacional no sólo era ingenua, sino que destilaba un tufillo fascista porque pretendía eliminar el disenso. Pero quienes vivimos estos tiempos, entendemos bien a qué se referían los frigeristas cuando propendían a esta unión patriótica. Por supuesto que no pretendían eliminar la discusión; justo ellos que tanto disfrutaban discutir dialécticamente. Sino que entendían que sin esa unión mínima, no había desarrollo posible.

La lección de Frigerio y Frondizi es que el liberalismo económico no nos llevará a los argentinos al desarrollo, porque pretende ignorar la necesidad de una estrategia nacional comandada desde del Estado, y las imperfecciones de mercado, que provienen de desigualdades en el poder económico y en el acceso a la información. Tampoco el populismo servirá, pues trata vanamente de violar las leyes del mercado (que siempre se terminan vengando); endiosa a los funcionarios públicos como seres superiores y arrogantes, y se conforma con darle dádivas perecederas a los necesitados sin ofrecerles un futuro de progreso.

También podríamos estar homenajeando su calidad humana. Sus amigos lo recuerdan como una persona divertida, sincera y de muy buenos sentimientos, más allá de que podía resultar áspera a veces, debido al convencimiento con que emprendía todo.

A los empleados de sus tiendas les hacía préstamos y regalos de casamiento mucho más allá de lo esperable, para demostrarles su estima. A intelectuales en desgracia les hacía llegar sobres para su subsistencia, de modo anónimo. El mejor indicador de la intensidad de su amistad lo brinda la firmeza que en general tuvieron las mismas, transcurriendo décadas. En general siempre se reconciliaba afectuosamente, como tantas idas y venidas tuvo con el difícil Ernesto Sábato, quien le dedicó el Túnel, y se los desdedicó y se lo volvió a dedicar. Pudo haberse enriquecido mucho más con su tarea de empresario, pero la abandonó para dedicarse de lleno a su pasión por el desarrollo de la patria.

A Frigerio no le habría satisfecho que nos reuniéramos para homenajear su obra, sea empresaria, periodística o política, pues ya pasó. Sobre su pensamiento, hubiera preferido que nos reuniéramos a discutirlo. Y sobre su hombría de bien, era modesto como para no molestarse por un homenaje al respecto.

Entonces, ¿qué le hubiera gustado a Frigerio que hiciéramos hoy, en su memoria?Ya en sus últimos días, estando reunido con un colaborador en su estudio, le dijo: “He leído todos estos libros, aquí de mi biblioteca, con gran atención; algunos hasta los he escrito. Y sin embargo no hemos podido sacarle el hambre al pueblo. ¿En qué nos equivocamos?”.

Señores, en esta etapa payasesca de la historia que nos ha tocado vivir, el pensamiento y la obra de Frigerio nos recuerdan que no todo está perdido. Que nuestra capacidad de organizarnos depende de nuestra voluntad, de nuestra inteligencia y de nuestra buena fe. Y que para ser Nación, hace falta querer ser Nación. (bis, como en la Iglesia)

Don Rogelio, con nuestra presencia hoy aquí, en su primer centenario, con el respeto y veneración que le profesamos, venimos a decirle que vamos a hacer lo imposible para no fallarle en emprender el camino del desarrollo a través de la integración nacional. Que nos comprometemos firmemente a ello.

Estoy seguro que este compromiso le parecería a Frigerio el mejor homenaje, porque era un hombre de acción, siempre mirando hacia el futuro.

Y llegó la hora de despedirnos, Don Rogelio. Por ahora.

Lo hacemos bajo el lema: Ni liberales ni populistas: desarrollistas.

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Esta entrada fue publicada en 3 noviembre, 2014 por en Biografía Frigerio, Homenajes y etiquetada con .
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