MundoMorando

El blog de Mario Morando

Campo Argentino

(presentación del libro homónimo en Museo del Banco Provincia de Buenos Aires el 5/12/2016)

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Me complace haber sido invitado por el director de este libro, Fernando de Estrada, y por intervención de Enrique Morad, a comentar esta colección de ensayos sobre el agro como motor de la economía argentina. Espero que al finalizar mi exposición, Uds., estimado público a quien les digo buenas tardes, también queden complacidos.

En particular quiero señalar el honor que representa compartir este panel con el Dr. Conessa, quien, a diferencia de la mayoría de economistas, no repite como loro esquemas rígidos, ni es como esos músicos que sólo tocan mecánicamente con partitura pero si se la sacan no saben tocar ni el Happy Birthday, sino que toca su propia música, que despliega un pensamiento interesante, que no necesariamente hay que compartir in totum, pero que plantea ideas útiles. Por eso, el Dr. Conessa está en mi cuadro de honor de los 15 economistas argentinos contemporáneos relevantes.

Vivimos sumergidos en un mundo informativo que nos aturde con afirmaciones dogmáticas; generalmente destructivas. Por lo tanto, asistir a la aparición de una obra reflexiva, fundamentada, que apunta a mejorar la acción, es algo esperanzador.

Consideraré brevemente el mensaje de aquellos autores cuya temática más se acerca a mi interés y especialidad.

1) Raquel Sastre, en su artículo nos recuerda de modo sistemático los ingredientes del espectacular aumento de la productividad agropecuaria en nuestro país. Les recomiendo su lectura, pues brinda así una visión panorámica de todos esos cambios tecnológicos, según se fueron sucediendo. Lo que no conozco que existe es una cuantificación de cuánto contribuyó a la bonanza de los últimos 20 años cada tipo de cambio y el aumento de los precios internacionales de los productos primarios exportados. Siempre sentí curiosidad por entender cuantitativamente el efecto de esos progreso en nuestro país. Pero Raquel Sastre cumple muy sistemáticamente con inventariarlos cualitativamente.

2) Por su parte, Eduardo Serantes nos dice que en un mundo con población rápidamente creciente, aumentará notablemente la demanda de alimentos, y por lo tanto nuestra región sudamericana, de importante peso en su suministro, no está aprovechando su posibilidad de integrarse regionalmente, y además generar una asociatividad para encarar en bloque las negociaciones de mejora de oportunidades comerciales con el exterior. La desunión hace a la debilidad.

Sin embargo, me permito señalar que luego de 21 años de Mercosur impotente, cuesta creer que por arte de magia se puede dinamizar la integración entre sus miembros, cada uno de los cuales se ha cortado solo en la práctica. Cuesta vislumbrar qué fuerza podría generar un impulso a la coordinación, cuando la fractura del mundo que se está produciendo comercialmente, y que se traduce en que el comercio creció menos de la mitad que la producción global en 2015, llama a un sálvese quien pueda. Es decir, coincido con su recomendación de unión, pero no veo cómo hacerla efectiva.

3) El artículo del Dr. Carlos Blaquier, es un remanso literario del que les aconsejo gozar. Además de ser un relato muy entretenido de cómo fue organizando su hacienda, es una pieza de jugoso arte, rara en un libro técnico. Se trata de una remake de un artículo de 1963, muy ilustrativa de cómo se fue absorbiendo el progreso tecnológico en una explotación concreta.

4) Eduardo Conesa, luego de brindar un panorama histórico, mundial y local, de la importancia del tipo de cambio real, nos muestra sus estimaciones econométricas que establecen la importancia de un tipo de cambio real alto para lograr mayor crecimiento y mayores salarios reales medidos en poder adquisitivo doméstico. Por supuesto, reconoce que no es posible para todos los países mantener su tipo de cambio real alto, pues el piso de uno es el techo del otro. Pero considera que para un país pequeño, no debería ser difícil lograr que una devaluación nominal supere ampliamente a la inflación consiguiente que causa, si se toma el recaudo de aumentar los impuestos y reducir los gastos públicos. Si no se logra hacer eso, entonces fatalmente la devaluación nominal no logrará su cometido, de lograr establecer un tipo de cambio real más alto, pues se desparramará toda en aumento de precios y salarios.

Pero si se reconoce que es necesario este aumento de impuestos y reducción de gastos, decir que un gobierno puede elegir el tipo de cambio real al que aspira, es como decir que puede elegir el aumento de impuestos y la baja de gasto público necesario.

Y llegados aquí, necesitamos no un artículo, sino un tratado de cómo hacer esto, dentro de las restricciones que plantea una democracia plural, a la hora de subir impuestos y bajar el gasto público. Ya la presión fiscal es insostenible para la mayor parte de las empresas. Aumentar los impuestos para financiar el tipo de cambio real más alto, beneficia a exportadores pero no a servicios no exportables.

Visto de esta manera, entonces el mensaje del Dr. Conesa ya no es tan diáfano. Porque entonces este gobierno, como tantos otros que pasaron, no es que no quiere un tipo de cambio real más alto, sino que no puede lograrlo. Y lo que hay que pasar a discutir es cómo subir más los impuestos y cómo bajar más el gasto, cuando la comunidad está pidiendo lo contrario: reforma de impuesto a las ganancias e inversión en infraestructura (de consumo y productiva).

Un caso arquetípico de este dilema, lo constituye la experiencia del Dr. Cavallo, que se pasó 15 años publicando artículos sobre la necesidad de tener un tipo de cambio alto y variable, según había estudiado econométricamente en una muestra de varias economías internacionales, y cuando llegó finalmente al poder, lo estableció fijo y bajo. Es decir, que si asumimos su buena fe, una persona que creía en el tipo de cambio real alto tanto o más como el Dr. Conessa, terminó rindiéndose a lo posible. A lo fatalmente posible, como si hubiera un demiurgo que impide en Argentina poner el tipo de cambio real alto; o mejor dicho, que expande el gasto público por encima de las capacidades contributivas. Agregándose durante 2017, la necesidad de ingreso de capitales de corto plazo para cerrar una brecha de financiamiento del 10% del pbi.

Pero la cuestión de cómo aumentar los impuestos y cómo bajar el gasto, no la resolverán los economistas, pues es un problema político. Pero tampoco pareciera que desean resolverla los políticos, que más bien optan por hacer la plancha y tratar de no molestar a nadie. Entonces recuerdo un relato, según me parece recordar de Jack London, donde dos blancos y un negro viajaban en un bote, se les acaba el alimento, y entonces un día el negro les dice: Bueno, llegó el momento de sortear a quién nos vamos a comer. A los cual los blancos le responden: Nosotros ya sabemos a quién nos vamos a comer. Bueno señores, el problema del ajuste argentino, es que aquí parece que no nos vamos a comer a nadie. La pregunta en nuestro caso, para lograr el tipo de cambio alto es, quién hace de negro.

Pero en el asunto del tipo de cambio real alto hay otra cuestión, y es si resulta necesario que todas las actividades gocen del mismo tipo de cambio. Otro pensador económico argentino, Marcelo Diamand, decía que el campo no necesita un tipo de cambio real alto debido a sus ventajas naturales, y que por lo tanto era necesario compensar la devaluación con retenciones a este sector, mientras que era la industria la que sí lo necesitaba en plenitud. Es decir, que afirmar que todas las actividades necesitan el mismo tipo de cambio real alto, es una afirmación discutible, pues sus productividades difieren notablemente.

6)Finalizo leyendo de la introducción de Fernando de Estrada, pág. 17:

“Cada pueblo del mundo valora sus propias riquezas, habilidades y costumbres; también el pueblo argentino, pero lo hace con menor seguridad en sí mismo, porque una proporción muy grande de sus dirigentes lo ha desacostumbrado al discurso reflexivo y ha conseguido infundirle cierta adicción a las simplificaciones del mito. Por eso, restablecer el realismo y la lógica es la gran tarea pendiente en este rincón del mundo.”

Muchas gracias.

 

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Esta entrada fue publicada en 5 diciembre, 2016 por en Economía argentina y etiquetada con , , .
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