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El blog de Mario Morando

Stelvio Cipriani: non-anónimo romano

stelvio

A mis 10 años, mi mamá me compró en Roma un acordeón a piano, pues a ella le encantaba la música folklórica del litoral argentino, y a mí la música en general. En esa época no había computadora ni celular, y un acordeón a piano era un dispositivo único y muy entretenido. El primer tema popular que toqué fue “Yo en mi casa y Ella en el Bar”. El segundo “Cae la lluvia sobre mi cabeza”. Y el tercero “Anónimo Veneziano”. Jamás pensé que su autor, 46 años después, visitaría mi casa.

Este sueño comenzó con la consulta que me hizo mi amigo Guido Canzio de traer al Teatro Colón a su amigo Stelvio Cipriani para homenajear al Papa Francisco con el estreno de una obra de Cipriani. Del mismo modo que en 2003 había homenajeado al Papa Juan Pablo II con “La Oración de la Paz”, a la que el mismo pontífice-poeta le puso letra. Cuando nos enteramos, gracias a Francesca Ambrogetti (corresponsal de prensa en Argentina y autora junto con Sergio Rubin de la primera biografía sobre Bergoglio “El Jesuita”), que el 21 de septiembre era el día más importante en la vida del Papa Francisco, pues había recibido su llamado Divino al sacerdocio, y que ése era justo el día del que disponía en el Teatro Colón la Fundación Banco Ciudad, que presido, sentimos que teníamos doble generala servida. El proceso para traer a Cipriani encendió sus motores, y gracias a la voluntad del presidente del Banco Ciudad, Rogelio Frigerio, se hizo realidad.

Cipriani llegó a Buenos Aires el 18/9/2015. ¿Qué sabía yo de Cipriani? Lo que consigné en el programa de mano impreso del espectáculo en el Teatro Colón:

“Nació en Roma en 1937. Su fascinación infantil por el órgano de la iglesia de su barrio, lo condujo a tomar clases con el párroco, quien lo estimuló a estudiar.

Ingresó al Conservatorio de Santa Cecilia a sus 14 años, siendo Maestro de Piano y Composición a sus 19 años, simultáneamente con su título de Perito Contador.

De día realizaba tareas administrativas en una empresa constructora; de noche actuaba en night clubs de jazz. Un contrato por 6 meses para tocar en un trasatlántico por el Caribe, lo condujo a Dave Brubeck, con cuyo grupo llegó a actuar.

Luego fue pianista-director de Rita Pavone, con gran suceso.

Comenzó a componer temas musicales para películas hacia 1966, alcanzando casi 200 películas y varios documentales, y adquiriendo fama internacional en 1968 a través de una grabación que hizo Henry Mancini del tema de Cipriani “Un hombre, un caballo y una pistola”. https://www.youtube.com/watch?v=IoKJajJ2Cxg . Y en 1970 con el bellísimo tema de Anónimo Veneziano, https://www.youtube.com/watch?v=jMql0OjxIg8 , con el que ganó la Cinta de Plata, concedida por el Sindicato Nacional Italiano de Periodistas de Cine, que ganaran Nino Rota y Ennio Morricone en reiteradas ocasiones, pero no en ésa.

En La Polizía stá a guardare (1973) compuso un tema que volvió a reciclar en Tentáculos (1977) y luego lo utilizó Quentin Tarantino en Death Proof (2007). https://www.google.com.ar/webhp?sourceid=chrome-instant&rlz=1C1OPRB_enAR591AR591&ion=1&espv=2&ie=UTF-8#q=la%20polizia%20sta%20a%20guardare

En la última década compuso música sacra. Destaca su Oración de la Paz, dedicada a celebrar los 25 años del papado de Juan Pablo II, quien le escribió la letra.”

Sí estaba en mi mente esa nostalgia, a su favor, de saberlo el compositor de aquél bellísimo tema musical que yo tocaba con fervor a mis 10 años en el acordeón a piano: Anónimo Veneciano. Una semana antes de su arribo, vimos la película con mi esposa Mónica: con moderado asombro descubrimos que su trama versaba sobre un director de orquesta moribundo, que se despide en Venecia de su amada ex esposa.

Mi primer encuentro con el Maestro Cipriani se produjo en la cena que Guido Canzio organizó para agasajarlo el viernes 18 de septiembre en casa de su hijo Stefano. Un hombre bajo, macizo, vestido muy informalmente con pantalones vaqueros, saco sport y camisa sin corbata. Pronto para conversar, pero sólo a requerimiento ajeno, no por iniciativa propia. De esa velada obtuve tres preciosas anécdotas.

Comprimido por quienes lo rodeábamos de pie, en un silla sobre un rincón del comedor, aprovechando el borde de madera de una chimenea para apoyar su plato de risotto, y consultado por mí sobre su relación con Nino Rota (uno de mis músicos idolatrados), relató que lo conoció personalmente en ocasión de llevar, de la casa de Rita Pavone a la de Rota y viceversa, las partituras correspondientes para las grabaciones televisivas que estaban haciendo de Il Giornalino di Gian Burrasca, versión comedia musical de una novela cómica tradicional.

En una de esas entregas, Cipriani le comentó a Rota sobre un arreglo que le había hecho a una partitura de Nino, para que la cantante se sintiera cómoda en altura de voz. Rota le preguntó asombrado cómo un cadete podía saber así de música. Stelvio le explicó que él no era el cadete de la Pavone sino su pianista y director de orquesta. Inmediatamente Rota lo invitó a sentarse a su piano, donde Cipriani tocó Chopin, con aprobación del dueño de casa.

Transcurrió el lapso de 1964 a 1970, y Cipriani se encontró recibiendo la Cinta de Plata, con Rota sentado en primera fila. Antes de tocar su tema premiado, Anónimo Veneziano, tocó un popurrí de temas de Rota, en homenaje a tan distinguido músico allí presente. Luego, coincidieron en el ágape y Rota le dijo: “Yo a vos te conozco”. “Sí soy el “cadete” de la Pavone”. “Vos sí que progresaste, pibe!”.

La siguiente anécdota fue su relato de bajo qué condiciones compuso Anónimo Veneciano. Una madrugada lo llamó Enrico María Salerno a las 2.30 a.m. convocándolo para una reunión urgente. Al día siguiente a las 7 a.m. le proyectaron para él solo el film Anónimo Veneciano en bruto, con voces pero sin música; por lo tanto, sin haber finalizado su edición.

Ni bien terminó de ver el film a las 9 a.m. le pidieron que compusiera una música para el mismo, que la necesitaban urgente. Lo que había sucedido es que la música que había compuesto el músico originalmente contratado, “no funcionaba”. Como expresa Cipriani: “no es que fuera mala. Una música de película funciona o no funciona para el film en cuestión al que está destinada. Y esta no funcionaba. Yo tenía que producir una que funcionara.”

Se fue a su casa, se sentó al piano. Su compañera todavía dormía, y se despertó cuando escuchó el piano. “No puedo atenderte ahora. Estoy en una situación de emergencia.” Puso el metrónomo, para buscar el tiempo adecuado a una película donde un hombre enfermo terminalmente se despide del amor de su vida, con quien ha tenido un hijo, y de la cual está separada de hecho hace un largo tiempo pero sigue amando intensamente. Y todo transcurre en una Venecia que se hunde, como se hundió, en parte, el amor de estos esposos. Escuchando el metrónomo, apareció el tema principal. Y la creatividad de Cipriani llevó a otro y otro desarrollo. A las 4 horas, el núcleo del tema estaba listo. En bruto, pero listo. Volvió al estudio cinematográfico, y se encontró con un comité reunido en pleno alrededor de una gran mesa. Reinaba el silencio; la tensión. Tocó sus temas recién elaborados. Hubo rostros de alivio. El film se había salvado. Posteriormente, el febril trabajo de arreglo para la orquesta y de montaje cinematográfico, finalizó el milagro.

La tercera anécdota fue su respuesta a mi pregunta sobre qué consideraba que tenía Anónimo Veneciano para resultar un hit tan furioso como lo sigue siendo, mientras que los centenares de temas que escribió después no lograron esa repercusión. Luego de efectuar durante diez minutos varias consideraciones al respecto (como por ejemplo que se pasó un año entero, luego del suceso, preguntándose justamente “eso”, para incorporarlo a su música), finalizó diciendo: “Es un misterio. No tengo la menor idea. Es un fenómeno físico de que ciertos acordes y tonalidades producen efectos sobre el sistema nervioso. No hay un método para producirlos. Sucede.”

El miércoles anterior, es decir 2 días antes de esa cena, yo había recibido la música La Primavera de Francisco, y me dí cuenta que no tenía letra asociada, viendo la necesidad de dotarla de una. No podía ser que el Coro del Banco Ciudad se perdiera de estrenar tan hermosa melodía sin letra. Además, por su naturaleza, una música para celebrar la vocación del Papa Francisco no podía ser muda. Tenía que expresar una historia.

¿Cómo conseguir en dos días alguien que compusiera esa letra? ¿Cómo elegirlo? Supe que el único que podía hacer que no se desaprovechara esta increíble oportunidad, dadas las especiales circunstancias, era yo mismo. De niño había escrito poesías y tengo una cierta vocación por expresarme por escrito, pero ¿ponerle letra a una música ya escrita? ¿y encima para el Papa….? Me convencí de que no había más alternativa. Era como aparecer en el comando de un avión que DEBE VOLAR. Entonces el jueves me levanté a las 6 a.m. y escuché y reescuché el tema durante una hora, tratando de oír qué me decía la música, así como Cipriani había escuchado su metrónomo. Finalmente “oí” que me decía: “Era la Primavera”.

Esa frase me llevó a la siguiente: “A Francisco, Dios lo llamaba: Ven a mí.” Y así siguiendo, quedó:

Era la Primavera.

A Francisco/Dios lo llamaba:

“Ven a mí”.

Entregaba/toda su vida

a ese Llamado/puesto en acción.

“Sólo Misericordia”

Santo lema/que lo impulsara

a llevar/con amor,

a sus hermanos,

La Fe, la Esperanza,

Llamando a todos

a la plena comunión con Dios.

Era la Primavera.

A Francisco/Dios lo llamaba:

“Ven a mí”.

Entregaba/toda su vida

a ese Llamado/puesto en acción.

Él entregaba/toda su vida

a ese Llamado/en acción.

Gran parte, la pensé camino desde mi casa a la estación de tren, y luego la escribí sobre el tren. El resto, lo hice al regresar a la noche.

El viernes, en la cena, había que plantearle la situación a Cipriani, nada menos que el autor, que no sabía nada al respecto. No estaba seguro de su reacción. Yo en su lugar, no sé cómo habría reaccionado. ¿Que un extraño, sin currículum al respecto, osara escribir sobre su música? (Una hermosa música.)

Cipriani opinó que la letra le parecía interesante y apropiada. Pero que no tenía tiempo de re-orquestar para que pudiera tocarla el Coro con la orquesta. Entonces se me ocurrió pedirle su autorización para utilizar la letra sobre su música y a hacer un arreglo a la misma para que el Coro la cantara acompañada sólo del piano, pues una cosa es arreglar sólo la parte del piano y otra toda la orquestación completa. Y que también autorizara a reproducir con fines de difusión esa interpretación todas las veces que quisiéramos. Su flexibilidad para hacer estas concesiones me parecieron una demostración máxima de su humildad y flexibilidad intelectual. Propia de un Ma-es-tro[1].

El pianista del Coro Banco Ciudad, José Luis Eleicegui, arregló la partitura el sábado en tonalidad y altura adecuada para su interpretación el domingo  (puede consultarse en http://www.bancociudad.com.ar/mas/informacion/8355). Opté por ocultar mi identidad de autor de la letra, porque me pareció que no correspondía hacerme “autobombo” en un espectáculo organizado por mí. No había sido el objetivo original. Mi instinto de ponerle letra fue impulsado para permitir que el Coro del Banco la pudiera cantar, estrenando una obra con mensaje al Papa.

Cuando el domingo asistí al ensayo del Coro en la Escuela Nicolás Avellaneda, no pude evitar lágrimas al escuchar tan hermosa melodía, cantada con tanto sentimiento, con mi letra, tan recién y espontáneamente nacida para la ocasión.

Nuevamente allí refulgió impresionante su humildad; su “cancha” para tratar con los músicos; su meticulosidad para desplegar sus partituras, con todos los instrumentos en cada página, como el mapa de un general que despliega sus tropas para el ataque victorioso. En este caso, un ataque musical.

Luego fuimos a almorzar con Guido Canzio. Nada de alcohol para Cipriani; sólo jugo de naranja en cantidades diluviales. Y su manera equilibrada de expresarse. Armoniosa como su música.

El lunes fue el gran día tan esperado: la actuación en el Teatro Colón, donde dirigió la orquesta y tocó el piano, estrenando “La Primavera de Francisco” y “Misericordia”, cerrando con Anónimo Veneciano. Al finalizar su actuación, vino a sentarse en su butaca del Palco Balcón, al lado de la Embajadora de Italia (Teresa Castaldo) a escuchar con atención el resto del espectáculo, como un oyente más.

En la frugal cena en Edelweiss, a una cuadra del Colón, todos los comenzales que habían estado en el teatro (casi la mayoría) lo saludaban como al gran artista que es.

La despedida fue en mi casa, el lunes por la noche. Lo torturé con mi clarinete. Me miraba ni con asco ni desagrado, lo que hubiera sido propio de un músico profesional. Era Misericordia lo que había en su mirada, como en su tema-estreno. En uno de mis “solos” de Turandot, me dijo: “He recibido una telefonata di un signore Puccini. Un poco disturbatto.”

Relató, como para inducirme con su propio ejemplo, que cada mañana que estaba en su casa, es decir no viajando, se levanta a las 7 horas, desayuna, y luego toca 2 horas el piano: una hora de ejercicios técnicos y otra de clásicos. “Como un jugador de fútbol, debo estar siempre en forma.” Luego, compone sobre el piano. Cuando baja la tapa, cierra su mente a la composición. Y duerme completamente tranquilo. Sin ser asaltado por su música, como otros compositores.

La gran anécdota de la noche estaba todavía por desenvolverse. Buscando LPs de música italiana encontré, por casualidad, una versión de Anónimo Veneciano, que no recordaba tener, cantada por Ornella Vanoni https://www.youtube.com/watch?v=j-2Ag9KKS6s . Le dije: “Stelvio, a ver si conocés esta?”. Por primera vez, en los 4 días de este curso Cipriani-intensivo, lo vi transfigurarse, perder su compostura, “conmoso” por algo que los presentes no podíamos intuir. Inmediatamente pidió silencio para escuchar la interpretación con máxima atención. Como los asistentes seguían con sus conciliábulos, se levantó raudamente molesto y se ubicó bien cerca del parlante que estaba en la sala contigua. Uno de los asistentes le hizo un comentario y entonces se fastidió aún más: “¡Pero no se puede hablar y escuchar música al mismo tiempo!” Tuve que irlo a buscar, porque se había retirado hacia una tercera sala. Y poner el tema da cappo. Entonces se sentó y escuchó la versión con atención máxima, como si estuviera copiando su propio tema para luego escribirlo.

Cuando terminó la interpretación de Ornella dijo: “Tengo en mi casa todas las interpretaciones de este tema, excepto ésta.” Yo no podía creer que fuera tan exclusiva mi discoteca como para sorprender al propio Cipriani con su tema. Pero la historia era bien distinta.

“El día de año nuevo de 1972 tuve que dejar a mi familia, y viajar en tren desde Roma a Milán, para grabar mi tema con la Vanoni. La compañía discográfica me había recomendado hacerlo, para aumentar aún más las ventas de un hit. Además, se acababa de componer la letra para la música y se trataba de su estreno cantado. No podía faltar. Llegué al estudio de grabación a las 11hs., que era el horario acordado para grabar. Estábamos todos, menos la Vanoni. La esperamos una hora, dos,…cinco. Apareció casi a las 5 p.m. Entró rauda, visiblemente molesta, sin saludar a ninguno. Era evidente que había tenido algún problema muy personal. Ya instalada frente al micrófono dijo: “Bueno, démosle al temita.” Entonces el autor de la letra, que estaba en la consola de grabación, le dijo: “Ornella, está el compositor, que quisiera reunirse contigo para ilustrarte sobre cómo encarar la interpretación.” A lo que la diva respondió: “Me ne frega Cipriani!”. Entonces, el casi siempre impasible Cipriani, se acercó al micrófono de la cabina, apretó el botón comunicador, y le dijo: “Señora, sono Cipriani. E a me, me ne frega Vanoni.” Retirándose raudo por el foro.

¿Cómo es que el tema llegó a existir? “El del piano soy yo, y ése es mi arreglo. Sucede que habíamos grabado por la mañana, primero la orquesta, luego yo, y sobre ese material se insertó el canto de Vanoni. En una de las tantas veces que acudí a mi grabadora para recoger el producido de mis derechos de autor, me ofrecieron el disquito de 45 revoluciones de la versión Vanoni, a lo cual le dije: Regálenselo a cualquier niño. Yo no lo quiero.”

Y así, Cipriani, luego de 43 años, se encontró con esa versión rebelde de su tema en mi casa, de manera inesperada. Dándome la ocasión de apreciarlo en toda su humanidad.

Morando, Canzio, Cipriani

La impresión que me quedó de Stelvio Cipriani fue la de un artesano musical, muy apasionado de su trabajo y muy estudioso. Que comenzó con ese niño tocando el acordeón a piano por gusto, y luego estudiando piano inspirado por el órgano de la iglesia de su parroquia, incentivado por el cura; y que siguió por el Caribe; por New York con Dave Brubeck; acompañando a Rita Pavone; interactuando con Nino Rota; componiendo música de película a raudales; y, ya en su madurez, concentrándose en la música sacra. Metódico como un metrónomo. Humilde como quien conoce perfectamente su ubicación en la historia de la música, pero orgulloso como artesano trabajador, que sabe que conoce profundamente su lavoro.

Por sobre todo, Cipriani me dejó pensando acerca de la importancia del equilibrio (algo que generalmente desprecio), de la metodicidad, de la armonía del ser. De la importancia del estoicismo, para desarrollar una vida seca, sin adornos, sólo puro contenido. Su buen humor, su cordialidad, su respeto, su no creérsela. A pesar de ser un leonino, con sólo un día de diferencia en nuestros cumpleaños. Siento que recibí una gran lección, callada, tácita, de un sabio romano.

Un pensador musical, que no cesará de hacerlo hasta que la muerte lo transporte a un nuevo mundo musical. Porque no imagino a Cipriani nunca lejos de la música.

https://www.youtube.com/watch?v=i26bDKhn4d8

Il mondo é lì.

È lì.

La ra la ra la ra

la ra la ra la ra….


[1] Por supuesto se guardó su derecho a registrar su música con letra en italiano.

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Un comentario el “Stelvio Cipriani: non-anónimo romano

  1. Pingback: La Primavera de Francisco y El Llamado. autor: Stelvio Cipriani; arreglo José Eleicegui; letra Mario Morando | MundoMorando

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Esta entrada fue publicada en 23 septiembre, 2015 por en Música y etiquetada con , , , .
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