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El blog de Mario Morando

A todo Groucho

Groucho

“Groucho nunca supo hablar normalmente. Su vida eran sus chistes.” Maureen O´Sullivan

Julius Henry Marx (nacido Libra el 2 de octubre de 1890 en New York) sufrió toda su vida el reflejo condicionado que le inculcó su idish mame, la hermosa rubia y ambiciosa Minnie: el deber de hacerse aceptar haciendo reír a los demás. Sus otros 4 hermanos también recibieron el mandato, pero lo siguieron con distinto ahínco[1].

Groucho no tuvo infancia: fue perenne inmaduro. Padre cariñoso e insensible. Esposo, fiel e hiriente. Payaso, cómico y depresivo. En su biografía afirmaba:

“Estoy seguro de que han oído hablar de la historia de aquel hombre que asegura a un psicoanalista que ha perdido las ganas de vivir. El doctor recomienda al melancólico personaje que vaya al circo esa noche y disfrute riéndose con Grock, el payaso más famoso del mundo. “Después de que vea a Grock, estoy seguro de que será usted mucho más feliz”. El paciente se pone de pie y mira tristemente al doctor. “Yo soy Grock”.”

Su padre un alsaciano y su madre una alemana, llegaron a New York con la ilusión del progreso. El clima familiar de indolencia en el que fueron creciendo, no los indujo a terminar la escuela primaria[2]. Tampoco recibieron educación hábil de su padre, un sastre mediocre (buen danzarín y jugador de pinacle), ni de su abuelo materno, un mago-ventrílocuo transhumante en Europa, que en Estados Unidos se convirtió en haragán perpetuo. Su madre se las ingenió para convertir la heredada vagancia de sus hijos en arte, compeliéndolos a trabajar en el teatro de variedades. “¿En qué otro sitio pueden hacer dinero los que no saben nada?”. Aunque tenían una habilidad: Chico había tomado lecciones de piano, Groucho de canto y Harpo había aprendido autodidactamente el arpa de su abuela.

Una influencia capital fue el hermano de su madre, Al, un actor de variedades de segunda, que al principio se convirtió en orientador y guionista de sus sobrinos. Es decir que los inspiradores indirectos de la carrera artística de los Marx, fueron los padres de su madre. Su abuela había acompañado con el arpa los trucos de su esposo. Y Minnie, si bien nunca fue una artista, intentó serlo y era el mandato familiar que persiguió hasta su muerte.

Su autobiografía (“Groucho y yo”) es un monumento a su modestia:

“No estoy seguro de cómo me convertí en comediante. Tal vez no lo sea. No vale la pena discutir sobre esto. En cualquier caso, me he ganado la vida muy bien durante muchos años, haciéndome pasar por uno de ellos. Cuando niño, no recuerdo haber maravillado a nadie con mi ingenio. Soy un sujeto muy prudente, y no tengo ni el deseo ni los medios de analizar lo que hace que un hombre resulte divertido para otro. Dudo que algún comediante pueda honradamente decir por qué es gracioso y por qué el vecino de al lado no lo es. Todos los comediantes llegan a serlo por tanteo y por error.”[3]

Toda su vida no luce muy divertida, sino más bien una serie interminable de esfuerzos para salir de la pobreza, y luego para tratar de mitigar el miedo de volver a ella. Su hijo relató que una vez invitó a comer a diez personas al restaurante más caro. Pero estacionó a 2 cuadras y dejó su sombrero dentro, para ahorrarse la propina del cuidacoches y del guardarropa.

En 1929 sucedieron dos hechos extremadamente trágicos para Groucho, lo cual le ocasionó un insomnio crónico que ya no lo abandonaría: la muerte de su querida madre y la pérdida de todos sus ahorros en la crisis bursátil. Luego llegaría el éxito cinematográfico para recuperarla.

Del teatro de variedades con giras pueblerinas (1910/1924), pasaron a teatros de Broadway (1924/1930), de allí al cine (1929/1949), y de allí a una relativa decadencia, ingresando Groucho como animador de radio y tv (1947/1961) con un programa de preguntas y respuestas muy exitoso durante más de una década: Apueste su Vida.

Para los Hermanos Marx el escenario era un juguete lleno de chicas, luces y un guión al que destrozar y unir de nuevo.

Así relató cómo decidió terminar su carrera cinematográfica:

“Un día, después de una sesión (de filmación) especialmente dura, decidimos que marchábamos ya cuesta abajo y que iba siendo hora de que nos retirásemos mientras estuviéramos parcialmente vivos.” “En el escenario había un voluminoso avión, y surgiendo horizontalmente de una de sus portezuelas, se veía una escalera. Se extendía muy rígida, a unos seis metros del suelo. Nosotros tres estábamos encaramados en este escalera, tratando de alcanzar el avión. En éste se hallaban tres matones que trataban de impedir nuestro propósito. Harpo y Chico habían llegado a la portezuela, pero este servidor había adelantado menos y seguía colgando de las rodillas, cabeza abajo. A la una de la madrugada la escena seguía sin conseguirse. Mientras me balanceada de un lado para otro bajo los impulsos del viento que producía un ventilador gigantesco, para crear la ilusión del vuelo…y para que me fuese más sencillo el caer de cabeza, tomé la decisión, que para bien o para mal, cambió el curso de mi vida. Mientras colgaba de allí como un pavo sin plumas, me dije: “Groucho, viejo amigo – y creéme que eres un viejo- ¿no te parece que esta es una manera muy ridícula de emplear los pocos años de vida que te quedan?”. Terminamos de rodar a las dos, saludamos a todo el mundo y, sin sorpresa para Chico ni para Harpo, anuncié que me retiraba del cine.”

En nada de lo que Groucho relató de su vida hay emoción profunda; revelando una persona fatigada, tratando de ganarse la vida, haciendo lo único que su madre le enseñó: intentar hacer reír a los demás por dinero. Todo lo cuenta como un trámite. Incluso, ya varios capítulos antes de terminar su biografía, destacaba que siguió escribiendo sólo para complacer al editor que lo había contratado para un libro de predeterminado tamaño. No por entusiasmo. En ningún tramo del libro se desnuda completamente, sino que relata cuestiones más bien superficiales de su vida. Lo único profundo, es su omnipresente modestia, que no luce para nada fingida. Creo que realmente se consideraba un inútil que había zafado gracias al instinto de hacer reír a los demás. De hacerse, seriamente, el gracioso.

Un dato revelador es que sus 3 matrimonios fracasaron. Sin embargo no guardaba resentimiento. Por ejemplo, luego de divorciarse de su tercera esposa, Eden, continuó saliendo con ella. Sus amigos le preguntaron cómo era posible que siguiera amándola luego de lo que le había hecho (lo abandonó alegando “crueldad mental” y solicitando la mitad de todo su patrimonio); además qué temas de conversación podrían tener. Groucho contestó: “Hay un material riquísimo: discutimos sobre nuestras antiguas peleas.”

Con respecto a la religión, está claro que nunca le importó. Siendo de origen judío siempre se casó con cristianas. Incluso cuando pensó en adoptar a su última amante, según la religión judía como ella se lo pedía, decía: “Sería mi única hija judía”.

Más allá de la personalidad de Julius Marx, bastante gris, Groucho es el personaje que permanece. Básicamente sigue viviendo a través de sus frases brillantes:

*¿Por qué habría de preocuparme la posteridad? ¿Qué ha hecho por mí?

*Bebo para hacer a la gente interesante[4].

*¿Quiere Ud. casarse conmigo? ¿Tiene Ud. dinero? Conteste primero la segunda pregunta.

*Detrás de todo hombre importante hay siempre una mujer, y detrás de ésta, su esposa.

*Me casó un juez. Debí haber pedido un jurado.

*Cuando su esposa lo descubrió besando a la criada, dijo: “Sólo estaba susurrándole en la boca.”

*La publicidad es algo que debe darse a los demás. Si uno está en situación de hacerse publicidad a sí mismo, significa que no la necesita.

*Sólo hay una forma de descubrir si un hombre es honrado…preguntárselo. Si responde que sí, es un farsante.

*Nunca olvido una cara. Pero en su caso, haré una excepción.

*Me voy a Iowa a recibir un premio. Después me presentaré en el Carnegie Hall con todas las entradas vendidas. Más tarde zarparé hacia Francia, donde quiere honrarme el gobierno francés. Cambiaría todo eso por una erección.

*Caramba, he conseguido un cheque. Todavía estoy vivo.

*Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros.

*No soy barato. Gratis, quizá. Barato, nunca.

*Partiendo de la nada, he alcanzado las más altas cotas de la miseria.

*Envíe dos docenas de rosas a las habitación 424 y ponga: “Emily, te quiero”.

En el reverso de la factura.

*Disculpen si les digo “Caballeros”. Pero es que no los conozco bien.

*He pasado una noche maravillosa…….pero no es ésta.

*Ella teme que si se marcha, se convertirá en el alma de la fiesta.

*¿Qué qué opino de los derechos de las mujeres? Pues que me gustan también sus izquierdos.

*¿Qué por qué estaba con ella? Porque me recuerda a ti. De hecho, me recuerda más a ti, que tú.

*No me interesa pertenecer a ningún club que me acepte como socio.

*Hacerse mayor, eso no es nada maravilloso. Hacerse joven, eso sí que debe ser grande.

*Deseo que me incineren. Pero la décima parte de mis cenizas deben entregarse a mi agente. Como figura en nuestro contrato.

La vocación original de Julius Marx era ser médico. No pudo estudiar pues era muy pobre y la subsistencia ocupaba todo su día. Pareciera que el azar lo condujo a curar millones de enfermedades con la risa. Como médico no podría haberlo hecho mejor ni en mayor cantidad.

En particular, se hicieron bien a sí mismos, pues los 5 hermanos Marx fallecieron luego de los 73 años. Groucho fue el más longevo, extinguiéndose a los 86 años. Sólo le ganó su abuelo, que vivió hasta los 95. La haraganería resultó más sana que el humor.


[1] El hermano mayor, Leonard, mujeriego empedernido, fue apodado Chicks, del argot de las variedades. Luego degeneró en Chico. El segundo, Adolph, era inseparable de su harpa, y se lo llamó Harpo. Julius, siempre hosco y de mal humor, fue apodado Groucho (de grouch, mal humor en inglés). Milton, un hipocondríaco enfermizo que se ponía botas de goma ni bien caían dos gotas de lluvia, fue Gummo. En el caso de Herbert, el menor, ni él sabía si su apodo de Zeppo derivaba de los zepelines entonces de moda, de que a los granjeros se los llamaba Zeb o de Mr. Zippo, un actor de variedades parecido.

[2] El único objeto de valor que tuvo de joven fue una lapicera estilográfica defectuosa, que manchaba sus bolsillos, y la que debió canjear por comida en una de las tantas temporadas flojas de su inicio.

[3] Por mi parte, confieso que el único tema que jamás exploré de los que me despiertan gran curiosidad, es el humor. Siempre temí entenderlo, y entonces dejar de reírme.

[4] Mi favorita.

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Esta entrada fue publicada en 12 junio, 2015 por en Varios y etiquetada con , , , , .
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