MundoMorando

El blog de Mario Morando

Conme-Morando la Pascua de Resurrección

 

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La Pascua judía es fuente de renovada alegría para quienes rememoran el pasaje de liberación del pueblo judío del yugo egipcio o babilonio (según el historiador). También lo consideran metáfora de liberación personal. Cuando nace la conciencia plena de un pueblo con autonomía y ley propia, y cada judío tomando conciencia de sí.

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La Pascua cristiana es a su vez fuente de alegría renovada para quienes conmemoran el triunfo de Jesús sobre Satanás, pues al morir como hombre logró irrumpir en el Infierno y liberar a las almas de los condenados, pasados y futuros. Sucedió que el demonio lo confundió con un mortal (de ahí la necesidad de su encarnación; para poder engañar al demonio) y al intentar tomar el alma del hijo de Dios, violó el pacto original de no agresión a los seres celestiales, perdiendo todo derecho sobre las almas humanas conquistadas y todo derecho automático sobre las almas humanas a conquistar. Es como si Jesús, el Cristo (el ungido de Dios), le hubiera cantado: “Piedra libre para todos mis compañeros”. Las almas de los mortales, que desde el pecado original estaban condenadas, resultaron así salvadas, potencialmente. Es decir, si deciden salvarse a sí mismas. Jesús rompió la condena inexorable que pesaba sobre los humanos desde la tentación de Eva. Fue el triunfo de la vida (espiritual) sobre la muerte espiritual (letargo inexorable de las almas en el Infierno). La batalla por las almas dejó de estar inclinada a favor de Lucifer, a quien iban a parar todos los muertos, emparejando Jesús la cancha. Un viernes santo, hace 1982 años, se encontraban en medio de esta fundamental batalla. La batalla de las batallas.

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¿Qué les queda a los no judíos ni cristianos?

Tomar la Pascua como un hito de renovación espiritual. Donde la autoredención consiste en abandonar las conductas mecánicas a través de las cuales la mayoría se adapta ciegamente a la sociedad, para sobrevivir. Recordar que “la vida no es un simple plato de comida”. Y que cada uno puede resucitarse a sí mismo hacia la conciencia del ser y del querer.

La mayor muerte en vida es haberse mecanizado; mimetizado socialmente, destruyendo nuestra personalidad genuina, la que muchas veces ni siquiera llega a emerger.

Por eso la mayor resurrección es llegar a ser el que somos.

Como expresó magistralmente el poeta griego Píndaro:

“Ojalá llegues a ser el que eres.”

Feliz Pascua, amigos, en cualquiera de los tres sentidos.

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Adjunto musical: Antonio Vivaldi compuso un 7% de música sacra del total de sus 700 obras. Entre ellas se destaca: https://www.youtube.com/watch?v=cgaOVV4JQHA

Comiencen su renovación personal disfrutando esta joya. Y suerte. Ojalá se animen a ser quienes son verdaderamente.

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Esta entrada fue publicada en 3 abril, 2015 por en Filosofía y etiquetada con .
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