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El blog de Mario Morando

Rogelio Frigerio y las enseñanzas de la primera experiencia transversal (BAE, por Silvia Mercado)

silvia mercado

Rogelio Frigerio, de quien hoy se cumplen 100 de su nacimiento, es el inventor de la primera transversalidad entre el radicalismo y el peronismo. Su experimento suponía una enorme audacia. Se trataba de reconciliar al presidente de la UCR, Arturo Frondizi, con el líder del movimiento que había mandado a encarcelar a cientos de opositores, muchos de ellos radicales, a dos años del cruento golpe de la Libertadora.

​Frigerio no era radical. Nació a la política en un grupo marxista, que ambiguamente se relacionaba con el Partido Comunista, pero se alejó porque lo consideraba ajeno al debate de las cuestiones nacionales. Por esos años conoció a los que serían sus amigos de varias batallas, Baltazar Jaramillo, Marcos Merchensky, Narciso Machinandiarena y Eduardo Aragón Aguirre, con quienes más tarde fundó la primera etapa del semanario Qué, en 1946.

​Como no le gustaba el sesgo que estaba tomando la revista, contraria al ya elegido presidente Juan Domingo Perón, se fue enseguida. De todos modos,Qué tampoco soportó mucho más. Cuando salió la edición 57, con una entrevista a Libertad Lamarque ilustrada con una importante producción fotográfica, donde la actriz contaba su tormentosa relación con Eva Duarte, “un oscuro oficial público se presentó en la imprenta el 3 de setiembre de 1947, poco antes de su distribución y ordenó guillotinar todos los números. Simultáneamente, Raúl Apold, el secretario de medios de Perón, convino con los gremios bloquear cualquier posibilidad de imprimir nuevas ediciones”, cuenta Mario Morando en Frigerio, el ideólogo de Frondizi, una biografía de imprescindible lectura.

​ En esos años difíciles para los intelectuales de clase media, Frigerio siguió leyendo apasionadamente, mientras se dedicaba a atender el negocio de la familia, las “Tiendas Frigerio”, dispersas en distintos puntos de la Ciudad de Buenos Aires. Más tarde, cuando sus amigos volvieron a buscarlo para otra vez editar Qué, se produjo el encuentro con Frondizi, el más marxista de los radicales.

​ El semanario necesitaba financiamiento y Frigerio pensó que respaldar a uno de los que sonaban para presidente en las elecciones que la dictadura de Aramburu prometía, sería una buena manera de obtenerlo. Frondizi, austero y con tendencia a la depresión, encontró en Frigerio, enérgico y optimista, una inteligencia incansable, capaz de convocar a los mejores pensadores de la época, y una vocación original: la necesidad de integrar a peronistas con antiperonistas, al empresario con el obrero, al campo con la industria, a la Nación con el mundo.

Frigerio es el inventor de la primera transversalidad entre el radicalismo y el peronismo

​A su lado, Frondizi fue abandonando sus posturas contrarias a la inversión extranjera en el petróleo, que tanto lo habían enfrentado con Perón en 1954, y el antiperonismo que dominaba su militancia política, representado ideológicamente en lo que se conoció como la Declaración de Avellaneda, un programa nacionalista de izquierda democrática, que fue redactado por él mismo en 1945, como fundador del Movimiento de Intransigencia y Renovación (MIR) de la UCR.​

​En rigor, al seguir el ímpetu de Frigerio y el equipo que él proporcionaba, Frondizi fue abandonando el radicalismo tradicional que se consumía en las internas del comité, para ir a la búsqueda de realizar un modelo intelectual innovador en términos económicos y culturales para la Argentina.

​ Se llegó a la conclusión de que había que hacer un pacto con el mismísimo Perón, exiliado en Venezuela. Hasta allí viajó Frigerio con una valija que distintas fuentes aseguran fue de u$s 85.000 dólares, con los que pudo comprarse el terreno de lo que años después fue Puerta de Hierro, en Madrid. El pacto molestó a muchos, incluido a Arturo Jauretche, colaborador en Qué, enojado porque Frigerio quería resucitar a Perón, “cuando ya era un muerto político”.

​Perón cumplió su parte, y Frondizi ganó las elecciones del 23 de febrero de 1958 con el 44 por ciento de los votos, seguido por Ricardo Balbín, de la UCRP, que sacó el 28 por ciento. La UCRI ganó todas las gobernaciones, incluyendo la provincia de Buenos Aires, todas las bancas del Senado y logró la cómoda mayoría del congreso.

​Para realizar la integración donde el peronismo había puesto fractura, Frondizi nombró a Bernardo Houssay (el Premio Nobel de Medicina 1947 que Perón ninguneó) al frente del Conicet, a Victoria Ocampo (presa durante casi un mes durante el gobierno peronista) en el Fondo de las Artes y a Jorge Luis Borges (quien renunció a su cargo de bibliotecario cuando lo mandaron a inspeccionar pollos) de director de la Biblioteca Nacional.

En la Argentina lo habitual fue la polarización

​ Y como resumió Morando en un artículo reciente, el gobierno de Frondizi “consiguió revertir un déficit energético de u$s8.000 millones -en términos actuales- mediante la complementación con la inversión extranjera, autorizar las universidades privadas para mejorar la oferta educativa terciaria, triplicar la industria automotriz, racionalizar fuertemente el Estado sin generar desocupación, dar la batalla del acero (aumentó del 64% de la producción) y las del transporte (10 mil kilómetros asfaltados).”

​A esa capacidad de inyectar inversión y optimismo en la economía en muy poco tiempo, es a lo que hoy se llama, difusamente, desarrollismo. Desde Sergio Massa hasta Mauricio Macri, pasando por Oscar Aguad, Elisa Carrió y Juan José Aranguren, por mencionar algunos, son decenas los que aseguran abrevar en esa visión pragmática e integradora de los asuntos nacionales.

​Massa puso en marcha hace varios meses un instituto de políticas públicas al que llamó YPF (Yrigoyen, Perón, Frondizi). Hace pocas semanas, exhibió su cintura política respaldando las candidaturas a gobernador de los radicales Gerardo Morales (Jujuy) y José Cano (Tucumán), sin pedir nada a cambio. O, por lo menos, es lo que dicen.

​Para el martes, el PRO organizó el “Día del amigo desarrollista”, adonde comprometieron su presencia Elisa Carrió, Gabriela Michetti, Oscar Aguad y Rogelio Frigerio (nieto), una foto que inquietará en la UCR, pero también en el Frente Renovador y en el Frente para la Victoria, sobre todo si Mauricio Macri se suma.

​La mirada desarrollista, o integradora, está en las antípodas de la polarización, el camino que obliga a elegir entre dos modelos enfrentados, uno que está con el pueblo y otro contra el pueblo, dominante en los años kirchneristas y en los países con gobiernos de tendencias populistas.

​Frigerio fue el ideólogo de Frondizi, y también el que permitió que el peronismo volviera a ser protagonista

​Esta estrategia, que divide la sociedad entre amigos y enemigos, fue recientemente estrenada con éxito en Brasil, donde Dilma Rousseff ganó por escaso margen, gracias a una campaña inusualmente agresiva con el contrincante, y que buscó generar temor en los sectores más humildes, quienes creyeron posible que se elimine los derechos que ganaron estos años de gobierno petista.

​ Contra la historia brasileña, polarizar fue el único camino que encontraron los estrategas del PT para evitar la victoria de la oposición. En la Argentina, es distinto. Aquí, lo habitual en la historia fue la polarización. La democracia estrenada en 1983 inició un camino distinto, pero el kirchnerismo le debe su eficacia política a esa dialéctica instalada desde la cumbre del poder.

​En 1960, cuando creyó que había llegado el momento (malpensados dicen, cuando terminó de cobrar lo negociado), Perón se encargó de divulgar el acuerdo que tenía con Frondizi. Mostró unos papeles firmados por ambos, y dijo que el presidente Frondizi le había mentido, y no convocaría a elecciones para que él, Perón, volviera al gobierno, como se había acordado. Cinco años después del golpe que lo sacó del gobierno, y luego de mostrar que el pueblo seguía acompañándolo, volvió a ser el factor decisivo de la política argentina.

​Frigerio fue el ideólogo de Frondizi, y también el que permitió que el peronismo volviera a ser protagonista. Hay quienes creen que si la UCRI no le abría la puerta, encontraría alguna otra más adelante. Otros lo siguen considerando un pecado imperdonable, ya que Perón nunca tuvo esa generosidad con los opositores.

​Para algunos testigos de la época, Perón perdió la oportunidad de dejar que se consolide en el país una administración moderna y respaldada por los principales países del mundo. Y creen que Frigerio pecó de ingenuidad al creer que sería posible imponerle condiciones a Perón una vez ganado el poder. En 1962, Frondizi marchó preso a la Isla Martín García y Frigerio al exilio.

​Como sea, el fracaso de esa primera transversalidad, impecable desde lo teórico, exhibe los límites del voluntarismo. Existe una nostalgia de que vuelva a gobernar el país un grupo de intelectuales sólidos y con visión estratégica nacional, capaz de desentumecer la lógica de las internas partidarias. Además, se necesitará la más conocida astucia política cortoplacista. No hay que olvidar que se trata de la Argentina, el país donde para sobrevivir, todos tuvimos que aprender a fumar debajo del agua.

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Esta entrada fue publicada en 2 noviembre, 2014 por en Biografía Frigerio, Homenajes y etiquetada con .
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