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Frigerio: la importancia crucial de la inversión extranjera por Jorge Castro para Clarín

rf y frondizi 1

iEco 10/11/2013

El aporte de Rogelio Frigerio a la estrategia de crecimiento económico, analizado en un nuevo libro de profunda actualidad.

Rogelio Frigerio es una figura fundamental en toda discusión sobre la estrategia económica argentina, en plena reformulación en el momento actual, inseparable por definición de las condiciones globales en las que se inserta el país, en este caso el sistema capitalista de la segunda década del siglo XXI.

De ahí la extrema importancia de esta obra de Mario Morando, al presentar la biografía política e intelectual de Rogelio Frigerio, cuidadosamente investigada y dotada de una particular objetividad, que une la admiración por el biografiado a un sentido crítico de su personalidad y de los resultados del proceso histórico que condujo, junto con Arturo Frondizi, su álter ego.

Frigerio advierte en la década del 40 que hay una crisis estructural en el proceso de acumulación de la Argentina, provocada por la insuficiencia en la capacidad de formación de capital fijo, consecuencia de una escasa tasa de inversión y de un débil nivel de ahorro interno. Por eso, la acumulación argentina padece de insuficiente excedente estructural.

El fundador del desarrollismo caracteriza como “subdesarrollo” a este círculo vicioso. La incapacidad para impulsar con recursos propios la reproducción ampliada.

Esta categoría (“subdesarrollo”) no tiene para Frigerio ningún significado cultural o sociológico, porque la premisa de su pensamiento era el carácter hondamente moderno e integrado al sistema mundial de la estructura económica argentina. La clave para superar esta debilidad estructural era aumentar significativamente la tasa de inversión, completando el ciclo de sustitución de importaciones (SI) a través de la industria pesada.

Todo nace de una situación particular. Alfredo Gómez Morales le informa a Perón en 1948 que restaban US$300 millones de reservas en el Banco Central (insuficientes para importar un año de combustibles) y que esto frustraba el desarrollo de la industria creada a partir de la década del 30, en especial a través del boom de consumo iniciado en 1946.

Lo más importante del informe Gómez Morales es que estimaba que prácticamente la totalidad de los bienes de equipo y de capital de la industria argentina se encontraban obsoletos; y se requerían US$5.000 millones (que serían US$45.000 millones en la actualidad) para su renovación.

En ese período, había estallado la Guerra Fría, y se enfrentaban en Europa los dos triunfadores de la Segunda Guerra Mundial: EE.UU. y la URSS.

La cuestión que se planteaba era si esta etapa era un breve interludio hacia una tercera guerra mundial, o si, por el contrario, podría durar años o décadas (duró 40 años).

Frigerio descree de una tercera guerra mundial, y afirma que, como no va a haber guerra, debe haber paz. En este nuevo contexto, la inversión extranjera cumple un papel distinto al establecido por Lenin en su paradigma (El imperialismo, fase superior del capitalismo, 1917), y se convierte en un instrumento fundamental para el crecimiento de los países “subdesarrollados”, como es el caso de la Argentina.

Perón se vuelca a la inversión extranjera a través del contrato con la California Argentina (Standard Oil), destinado a lograr el autoabastecimiento petrolero y enfrentar así la crisis del sector externo (estrangulamiento de divisas) desatada en 1948.

Su principal adversario entonces es Arturo Frondizi (Petróleo y política, 1954), que se mantiene dentro del paradigma leninista.

La “Batalla del petróleo” (1958-1962) va a mostrar la importancia crucial de la inversión extranjera para lograr el autoabastecimiento energético y resolver el aspecto central de la crisis del sector externo.

“El déficit estructural de la balanza comercial alcanzaba a US$300 millones en 1958, un tercio de las exportaciones, mientras que las reservas de divisas ascendían a US$250 millones, y los vencimientos financieros implicaban US$645 millones”, dice Morando.

El autoabastecimiento petrolero se logró en tres años, a través de 22 contratos de todo tipo con empresas extranjeras. “La producción pasó de 5,3 millones de metros cúbicos en 1957 a 17,8 millones en 1962. La importación descendió de 65% de las necesidades a 17%. También se triplicó la producción de acero, se duplicó la inversión bruta fija, se triplicó la producción de caucho y se creó la industria automotriz.

Así, la tasa de inversión creció 39% entre 1959 y 1961; y las “industrias dinámicas” se expandieron 22,3%, mientras que las “vegetativas” cayeron -9,1%. Pero las nuevas “industrias dinámicas” requerían más divisas, no menos; y esto acentuaba la crisis del sector externo, a pesar de que los términos de intercambio mejoraron entre 1958 y 1973.

Esto produjo una crisis por estrangulamiento de divisas, y la situación se tornó insostenible al demandar la segunda fase de la sustitución de importaciones (SI) más divisas de las que ahorraba.

Frigerio, en síntesis, advirtió lo esencial: la importancia crucial de la inversión extranjera para desatar el crecimiento de los países de América Latina, pero subestimó el costo de oportunidad de una virtual autarquía, al no aumentarse las exportaciones.

La discusión sobre el aporte de Rogelio Frigerio a la estrategia del crecimiento económico argentino tiene profunda actualidad.

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Esta entrada fue publicada en 10 noviembre, 2013 por en Biografía Frigerio, Neodesarrollismo y etiquetada con , .
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