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El blog de Mario Morando

La verdadera forma de democratizar el crédito (Clarín, 16/6/2010)

Si se quiere discutir en serio una nueva ley de entidades financieras, es imprescindible empezar por modificar y hacer confiable el acceso al dinero

Por Néstor Grindetti (Ministro de Hacienda de la ciudad); Mario Morando (director del Banco Ciudad).

Los argentinos no necesitamos darle discrecionalidad al BCRA para autorizar apertura de sucursales bancarias, reduciendo artificialmente la sana competencia; ni otorgarle el manejo discrecional del Fondo de Garantía de los Depósitos; ni forzar el suministro de servicios bancarios a precios establecidos por el Estado o establecer topes a las tasas de interés activas, fomentando las “cuevas financieras”.

Tampoco necesitamos redefinir la actividad financiera como “servicio público”, para habilitar la promiscua incursión normativa desde el PEN; ni establecer un nuevo impuesto para crear un Fondo Compensador entre entidades; ni pretender direccionar el crédito a las pymes de manera dictatorial.

Desde nuestro espacio, no compartimos lo que propone el diputado oficialista Carlos Heller para la Ley de entidades financieras, pero sí estamos convencidos de requerir una autorización del BCRA para ofrecer productos derivados del crédito, cuyo descontrol tanto mal ha causado internacionalmente; en relajar requisitos para brindar servicios financieros; y en establecer la Defensoría del Usuario de Servicios Financieros, pero no a cargo del BCRA sino del Poder Legislativo.

Además, consideramos necesario revisar la razonabilidad del monto de capital mínimo, para que cada entidad opere con estabilidad, como fijar un límite a la participación que una entidad financiera pueda llegar a tener, incluyendo a bancos oficiales, lo que preestablezca un mecanismo por si se superara el tope. Para mejorar el acceso de las pymes al crédito resulta necesario mejorar las bases de datos ya que mucho se declama sobre las pymes, pero poco se sabe.

Otro punto importante es el establecimiento de una Central de Sujetos de Crédito. Nuestras leyes borran todo antecedente desfavorable transcurridos 5 años.

Así se castiga tácitamente a las personas cumplidoras, impidiéndoles capitalizar su buena conducta. Una vez más, se nivela para abajo.

Y, como consecuencia, las entidades financieras argentinas se cubren por las dudas, haciendo sus requisitos más exigentes de lo que serían si dispusieran de todos los antecedentes.

Este déficit informativo podría explicar el extraño hábito de aplicar una tasa de interés uniforme para cada producto crediticio. “Crédito” proviene del latín credititus: “cosa confiada”. Por eso resulta un contrasentido proponer la democratización del crédito forzándola por vía dictatorial.

El aumento del crédito sólo puede provenir del mejor conocimiento entre las personas, porque ése es su fundamento: el creerle al otro.

Está claro que ninguna reforma de intermediación financiera aumentará la masa de recursos líquidos prestables. El Estado nacional debería autoimponerse tope a la presión fiscal, que implica autoimponerse tope a lo que puede gastar. Las empresas compiten por fondos con el Estado, lo que les encarece el crédito.

Con una inflación anual del 30%, el sistema financiero está condenado al enanismo actual, restringiéndose el crédito real para todos. Así cuesta “creernos entre argentinos”.

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Esta entrada fue publicada en 16 junio, 2010 por en Economía argentina y etiquetada con .
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