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El blog de Mario Morando

Blues del ex diputado (La Nación, 29/12/2007)

legislatura

Hay más buena voluntad en los diputados de lo que muchos imaginan. Más allá de disidencias ideológicas y prejuicios, frutos de la naturaleza, la educación formal o la experiencia, he descubierto un intenso compromiso con el bienestar público en mis compañeros legisladores. Aprendí a respetar sus diferentes credos, porque cada diputado ejecuta su tarea política en una tonalidad que le es propia y que se vuelve sagrada cuando logramos enhebrar entre todos una melodía armoniosa. Eso esperan los votantes de nosotros: música y no barullo.

El mensaje que me llevo para quienes denuestan la profesión de político es que la Legislatura porteña está repleta de personas bienintencionadas cuyo único pecado es no saber actuar más unidas, aun dentro de sus mismos espacios políticos, para evitar fragmentaciones inútiles. La soberbia, madre de todos los pecados, explica este despilfarro.

Hay muchas más ideas de las que se discuten: los presidentes de comisiones deberían evaluar concienzudamente todos los proyectos, sin ignorar ninguno. No digo “aprobarlos”; digo “considerarlos”. Cuando un diputado presenta un proyecto lo hace ilusionado de contribuir al bien común. No maten, por inacción, esa ilusión. Aun la discusión de un proyecto a primera vista loco puede conducir a una idea legislativa sensata. Por su parte, la prensa debería difundir más proyectos concretos y dedicar menos espacio a las generalidades y al chusmerío.

Se sobrevaloran las normas que favorecen a pequeños grupos movilizados: es lamentable esta asimetría con los ciudadanos desmovilizados. La ley debe ocuparse de cuestiones generales y no de casos particulares. Pero reditúa más concentrar cincuenta aplausos en el recinto con algún privilegio que exigirles nuevas obligaciones a miles. Se trata de un caso especialmente grave de clientelismo político, pero generalmente se practica de buena fe.

Reconocimientos: para destacar, la templanza y paciencia de Santiago de Estrada, como vicepresidente primero. También destaco a Gabriela Michetti, Carlos Araujo y Diego Santilli, que mantuvieron unido al interbloque más numeroso, el macrista. El excelente desempeño como secretario administrativo de Oscar Moscariello nos hizo sentir en la Legislatura porteña como en un cinco estrellas. Pero sin duda la gesta más heroica y admirable que presencié en estos cuatro años fue la defensa apasionada del personal de seguridad en ocasión del ataque al Palacio. Sobrepasando toda obligación laboral, defendieron a los diputados y a la institución de la barbarie.

El autor, economista, fue diputado porteño por el macrismo.

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Esta entrada fue publicada en 29 diciembre, 2007 por en Homenajes y etiquetada con .
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